Oda al pilar vencido

Oda al pilar vencido

De vez en vez conviene dirigirle algún párrafo a esos pilares vencidos sobre los cuales construimos nuestros más puros deseos y nuestros más abominables vicios.

De la civilización son responsables, tanto de su esplendor como de su ruina, y condenados cumplen (los que aún cumplen) con la insufrible rutina de soportar el peso ajeno, ese que no se adquiere por merecimiento, sino por alevoso y miserable enheno.

Conviene escribirle a esos pilares tambaleantes que, a pesar del rechinar que advierte un inminente colapso, se mantienen recios, y custodian el espacio de los necios, aquellos que hicieron de un pilar un manto, y que sabían que el manto arrebuja, pero ignoraban que también sepulta.

Conviene quizás escribirle a esos pilares felones y altivos, de esos a los que uno empeña la seguridad y la vida, y al primer temblor de la tierra resquebrajan su estructura, con la levedad que muestran los déspotas al convocar a la inmisericorde grida.

Posiblemente conviene dirigirme a esos pilares de improvisada manufactura, que conocen, y de sobra, no ser ni pilares ni mantos ni tumbas. Ignoran de Arquitectura y de materias primas y no prometen soportar grandes cargas ígneas, pero aseguran permanecer allí, ya sea que el edificio se mantenga o ya sea que el edificio sucumba (además no les queda de otra).

Muy justo e importante resulta dirigir un párrafo más al pilar involuntario y azaroso, ese que sin pena ni gozo absorbió el peso que debió haber caído sobre mis sesos, pero que cayó sobre los de un incauto (“uno más incauto que yo”, decimos todos), y el pilar no se queja de eso; y si se queja, en nada desmerece el exitoso cometido ni el valor de su heroico suceso.

Y conviene dedicar esas estrofas porque una vez que todo pilar ha caído, y cuando la exhibición de la miseria es de imposible recato, yo rescato escombros de entre las vigas y las varillas, y de entre algunos retratos confecciono mi propio pilar; ese que hubo de salvarme, ese que ahora me cubre y ese que habrá de sepultarme.

Y la vida se va yendo en ello.

 

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Rimbombante A Secas es el pseudónimo de un algo que realiza tareas diversas con fines indefinidos, aunque notablemente hedonistas y lúdicos. Misión: secreta. En una ocasión se le fue revelada mientras compartía un 'wedge' con Perseo Montes de Oca en un conocido campestre de golf. Se le encomendó guardar "el secreto",...
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