“C”

«C»:
El carbón que renunció a ser diamante para convertirse en lápiz no está en los aparadores ni corona a un anillo con perennes promesas ni sucumbe a la etiqueta de un tasador.
Aquel carbón en lápiz convertido viste de humilde pino, y a filo de navaja rebaja a sabios, y enaltece a algún cretino.
El diamante, codiciado, se resguarda, busca abrigo,
pero el lápiz se comparte, y lo tiene bien sabido:

Que a través de su grácil paso y en la inmensidad de la hoja en blanco,
puede enseñarnos de un tranco que ser carbón… de por sí ya es ser destino.

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