Esta tarde

 

Esta tarde vi en tu rostro, la espera. Sobre la mirada, aquella que exhalas, y sobre los ojos por cientos de lunas descubiertos y cubiertos, había pintura de colores expectantes; color paciencia, color sosiego; y observabas hacia el frente todo lo que cruzara, atenta, cazando el fluir de las cosas que aprecias y no entiendes, pero que sabes que dan movimiento a tu cuerpo y a tus pensamientos. Es por eso que de cuando en cuando, en un acto lento y elegante, sonríes sin precisamente mirar algo, mirar a alguien… sólo el punto muerto entre el aire, las paredes y el cielo del instante que respiras.

 

Esta tarde vi en tu pose el aburrimiento y la espera. La gravedad sellaba tus labios, con la barbilla recostada entre el moño de tus brazos. Tenías los pies entristecidos, encorvados sobre el piso, deslizados, y oías las voces ruidosas de gente que invadía tu espacio, sin atender sus risas por relatos pasados. Supe ver que te fatigas, que sobre el cabello oscuro y liso siempre hay puntos suspensivos, preguntas, demandas y exigencias. Quieres saber de qué va esto de estar sentada ahí olfateando el polvo de las mesas, el fresco candor de los árboles, el aroma hambriento de especias en la cocina… a qué viene esto de sentir tanto en tan poco, para al final dejarse ir. Y te aburres devorando los días que vienen, reflexionando, queriendo solucionarlo todo; solucionarte, cuando menos.

Esta tarde vi en tu humor el deseo, el aburrimiento y la espera. Entiendo entonces por qué juegas y liberas el vaivén de tu juventud. Leí sobre tus mejillas marmoleadas tu pretensión de querer; a saber: que tienes redactado entre el recato de tu piel detalles femeninos imposibles de esconder… portabas el reflejo del sol entre las cejas y de entre todas las cosas exigí al andar de mi mirada en tu gesto un segundo retener. Quise entonces tomarte, como se toma el calor de una vela, y llevarte desgastándome tu imagen todo el día hasta olvidarme del porqué de esta impaciencia primeriza. Derrocho el recuerdo de ti, diario, esperanzado en que tu tiempo me hallará algún rato del día siguiente. Breve, descuidado y cierto; torpe y fingiendo cual desinteresado.

Esta tarde que te vi, escribiendo sin saberlo inquietud y trastabillo entre mis pasos, quise tener empuje para acercarme y explicarte que ya será turno de ubicar razones para tu deseo, aburrimiento e impaciencia. Habrá un otoño en que pasearás con tus casuales ojos de nieve y obsidiana por los mismos lugares y ocasiones en que ahora colocas tu vacilo; sin cargar respuestas, mas segura de tu voz y siempre admirable sonrisa, que no sabes negar, perpetua, adorada y añorada como tú. Habrá también quien sacie tu vaivén de jovialidad con palabras de juego, cortesía y versos olvidados… alguien que pueda aproximarse. Podría ser. Quizás. Espera… y verás.
A-Firmo

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Nacido no hace mucho, pero tanto como para recordarle, el joven Alonso Miadra quiere aprender a ser lo que no se atreve. Armado apenas con tinta oscura de sus ojos, pasa los días buscando el mejor papel sobre el cual escribir: el amor (su esencia), el tedio (sus días), las mujeres...
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