La soledad

Aquella desconocida mujer que nos abraza por las noches, que nos consuela cuando nadie más se encuentra al lado, que nos atormenta con los recuerdos y que nos llega a enseñar el amor propio, es producto de la interminable relación entre el alma inocente que algún día fuimos y que aún vive dentro de nuestras mentes a cada segundo, cada minuto, cada hora. Mientras clama por atención y deseo. Es ella por la que unos lloran y otros ríen.

Sin embargo, hasta el día de hoy no comprendo cómo tantos la ignoran siendo ella tan fuerte, cómo tantos otros la odian siendo un alivio, cómo es posible que tan pocos la valoren. Si no existe nadie mejor que ella para entendernos. Tal vez ustedes piensen: “¿Ella, entendernos?, ¡sólo nos confunde y nos lastima!, ¡sólo nos hace recordar todo lo perdido!, sólo nos mortifica”.

Pero, permítanme, queridos lectores, contarles mi experiencia al lado de esta intrigante compañera. Esa a quien ustedes etiquetan como destructora, asesina de sentimientos, símbolo de depresión o fiel torturadora del ser humano es la misma que me ha brindado las mejores noches y los mejores pasatiempos. Es aquella que me ha cobijado en los momentos más duros, que me ha impulsado a continuar mi camino… a no dejarme caer jamás. Es justo ella quien me ha dado la oportunidad de encontrarme con el alma inocente que un día movía mi mundo y mis decisiones; esa alma fascinante, llena de sueños y anhelos, permeada de la inocencia que pocos conservan y que tantos otros anhelan recuperar, pero que se ha marchado para difícilmente volver.

Ha sido ella la que me ha colmado de deseos, la que me ha abrazado con ideales, quien me ha dejado apreciar lo que otros tantos ignoran. Es la belleza hecha silencio y oscuridad. Es la compañía perfecta y eterna de la humanidad. Es el corazón que nos une al progreso pero que nos puede llevar al desastre.

¿El desastre? Sí. ¡El mayor desastre!

Esta mujer nos abraza de forma tal que llena fibras sensibles en nuestro ser y nos permite considerarnos lo mejor o lo peor. Nos permite creer que somos un ser superior o uno inferior y es, el llegar a esas dos conclusiones, la concepción del desastre. Quien mantiene un equilibrio puede ser feliz y disfrutar la compañía que ella le brinda pero, quien pone más peso de un lado de la balanza puede llegar a la locura y a la depresión. Puede encontrarse con el paraíso o con el infierno mismo.

Es por tal motivo que las opiniones se disparan y los individuos llegan a conclusiones extremas donde aseguran: “¡Ella es el infierno!” o “¡Ella es el único paraíso!”.

Su problema no es ella.

El problema es de quien anda en la vida desequilibrando la balanza de su felicidad. Es el individuo quién ha alterado el efecto que ella puede otorgar con su compañía al abrazarse con la oscuridad.

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¡Quién es el autor?

Mar Alvarez Un alma vieja atrapada en el cuerpo de una joven amante de la música, los libros, el café y sobre todo de la creación de mundos. Ha viajado grandes distancias en barcos ajenos y en los propios, conociendo reinos diferentes, culturas extrañas, ideologías nuevas y personas inexistentes. ¿Loca?, es...
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