El Patolli: resumen sobre su estudio y algunas implicaciones teóricas al respecto

“No, nopatolli queremos la tiza,

pedimos el plumón y el papel del sacrificado, queremos ir a reunirnos

dignamente con el dios Huitzilopochtli. Sea

encendido el fuego de la ofrenda, seamos

conducidos al Tlachtli, seamos sorteados en el

juego Patolíl»

Huehue Huitzillihuitl, jefe mexica

capturado por los colhuas

(Chimalpain 1982: 59-60).

INTRODUCCIÓN

Son muy pocos los grupos humanos que no tienen algún tipo de juego en su quehacer cotidiano, y todas las sociedades complejas de la Historia han tenido al menos un juego de tablero que les representa. Estos juegos cumplen funciones tanto lúdicas y de entretenimiento, como a la vez puntos de identidad cultural. Es por ello que tanto la Antropología como la Arqueología han mostrado interés en el estudio del rito lúdico.

Puesto que nos permite considerar sus reglas y su uso como una estructura de análisis, resultan harto útiles en la construcción de hipótesis. Misterioso en varios sentidos, el Patolli fue el juego de mesa mesoamericano y de él se han encontrado registros arqueológicos, antropológicos e históricos. Su nombre es el primer misterio. Si bien por los códices coloniales sabemos que entonces se le llamaba Patolli, su etimología se ha ido relacionado con los frijoles que se usan para apostar (Caso, 1924), o con las semillas alucinógenas que los sacerdotes traían del norte y que utilizaban en la adivinación (Duverger, 1978).

REGISTRO ARQUEOLÓGICO

El Patolli es un enigma, mas su presencia es una constante en Mesoamérica. Aparecen tableros en sitios tan antiguos como Teotihuacán, las tierras Bajas y Altas Mayas, Tula, Tajín y crónicas sobre su uso en Tenochtitlán, reinos Purépechas, inclusive un uso continuado hasta la Colonia. Asimismo, se registraron rituales lúdicos en el siglo XX, cuya similitud con el antiguo Patolli llevó a los estudiosos a considerarlos como restos de éste. (Beals and Carrasco 1944; Caso, 1924; Veerbeck, 1998).

TEOTIHUACÁN

El registró más antiguo sobre el juego aparece en Teotihuacán. De acuerdo a las fuentes, en numerosos sitios es posible encontrar grafitis con tableros de Patolli, y también existen –al lado de ellos–, anotaciones sobre los puntos obtenidos. Delgado (citado en Swezey y Bittman, 1983) los ha nombrado “proto-patollis”. No obstante, por la clasificación de Swezey y Bittman (1983), la mayoría de los tableros encontrados en Teotihuacán serían clasificados como Tipo I. Se han registrado alrededor de 130 tableros, que varían en tamaño entre los 10 x 12 cm hasta 81 x 92 cm (Sánchez citado en Gallegos, 1994).

Los grafitis pueden fecharse entre el Clásico Medio y Tardío. La mayoría se encontraron en estructuras al sur de la pirámide de la Luna; no obstante, hubo restos también en varios puntos de la Calzada de los Muertos y alrededores de la pirámide del Sol y, principalmente, ubicados en áreas llamadas de descanso, semi descubiertas y de gran circulación (Sánchez citado en Gallegos, 1994). Aunque uno de ellos fue encontrado en los restos de un posible templo, cerca del palacio de Zacuala (Sejourne, 1959 pp. 32, 51-52). Es importante hacer notar ahora que el número de casillas entre los tableros varía considerablemente.

MAYAS

Considerando la información revisada es posible observar que el Patolli fue introducido en las tierras mayas por los mismos teotihuacanos. Esta impresión es compartida por la arqueóloga Judith Gallegos al afirmar que:

Respecto al origen y temporalidad del juego, se puede decir con base a las evidencias con las que se cuenta, que el Patolli surgió en la zona maya durante la época en que ocurren influencias del altiplano sobre esta zona, y se extendió su uso hacia el Clásico Tardío, hecho que habrá de comprobarse a futuro con el descubrimiento de nuevos tableros en más sitios del área maya, asociados a fechas de mayor exactitud.

En otras palabras, el juego funciona como un indicador más sobre la influencia teotihuacana en el área maya. Aunque los tableros no sean idénticos, es posible admitir que comparten algunas características fundamentales. De igual forma, es posible considerar que el juego sufriera modificaciones en diferentes regiones, ajustándose a diferentes paradigmas culturales, tal como ocurrió con el ajedrez (Murray, 1985).

En los sitios mayas comenzamos a encontrar una presencia más constante de los tableros.

Son muy recurrentes los tableros tipo II con 57 casillas (Swesey y Bittman, 1983). Es posible encontrarlos en los centros ceremoniales, especialmente en las habitaciones reales o en el interior de los templos (Gallegos, 1994; López, 1992). Hay abundantes tableros, y por las fechas de los sitios es posible considerar que el juego pasó de las tierras bajas a las tierras altas.

Tenemos patollis en lugares tan importante como el Templo de las Inscripciones en Palenque, en el mercado de Chichen Itzá y el Templo del Adivino, en Uxmal. Hay algunas consideraciones que vale la pena mencionar, y es que en el área maya aparecen también patollis en las paredes, denotando sin duda con esto su representación, y no su utilización. También aparecen en losas frente a estelas, donde en el caso de Seibal, figura frente a la estela de un personaje que claramente no es maya. El caso de Nakbé también nos permite consolidar la impresión de su importancia y utilización por las clases nobles (López, 1992).

También en el área maya aparecen por vez primera los patollis circulares, o tipo III. Si bien éstos no son exclusivos de la zona maya, su única relación con Teotihuacán podrían ser los pecked cross symbols, pero esta relación no está sustentada más que en un nivel gráfico descriptivo.

TULA

Las similitudes arquitectónicas entre Chichen Itzá y Tula han sido abordadas por varios autores. Ahora bien, podemos añadir la presencia de los patollis como una más de las evidencias de relación entre los sitios. En un área significativa, el Palacio Quemado, aparecen tres tableros de patolli, dos de ellos de tipo II con 57 casillas (Acosta, citado por Gallegos 1994). Los tres aparecen claramente en lugares donde resultaría cómodo permanecer sentado, por lo que la evidencia sugiere que estos tres tableros sí eran utilizados plenamente para jugar.

OTROS SITIOS

Tajín: aparece un patolli tipo V, en la esquina SE del Templo de las inscripciones. Pero en Las Flores, Tampico, aparece un tablero muy particular tipo IV.

TENOCHTITLÁN

Aunque no se han registrado tableros grabados en piedra, piso o estuco, la evidencia del juego de patolli entre los mexicas es muy abundante. La relación escrita más antigua que se tiene sobre el Patolli fue efecto del esfuerzo del eclesiástico español Francisco López de Gomara. A pesar de nunca haber pisado América, fue su misión recoger la información de Cortés y otros conquistadores sobre el mundo prehispánico. Esto nos lleva a corroborar la importancia que el Patolli tenía en la vida mesoamericana. No sólo de las clases populares y tahúres, sino también en las élites, puesto que cita de Hernán Cortés los juegos que practicaba Moctezuma.

La segunda crónica es de Fray Bernandino de Sahagún, quien con su espíritu proteccionista trató de recuperar lo más posible del colapsado mundo mesoamericano, y con ello salvaguardar parte de la memoria histórica de sus pobladores. En su crónica aparece un nuevo elemento: el Patolli como juego de apuestas. Esto resulta muy interesante, pues una de las razones por las que la Corona después prohibiera absolutamente el juego del Patolli fue la ludopatía (adicción al juego) que éste generaba.

El Fraile Dominico Diego Durán, describe el juego –con abundancia–en la segunda mitad del siglo XVI. Tal fue su grado su atención hacia él, que incluso incorporó una imagen dedicada al Patolli en el Códice Durán. Es gracias a Durán que es posible tener una idea sobre las reglas y formas del juego. Su crónica, además de contener las reglas básicas, nos ofrece la comprobación del uso del patolli en apuestas, pero también incorpora el sentido religioso –ritual de su ejercicio–, además de permitirnos considerar su valioso rol como entretenimiento colectivo, en tanto que jugaban dos la suerte de varios.

En el Códice Durán, es posible apreciar la forma del tapete con que se jugaba. Además de los frijoles marcados en uno de sus lados y utilizados como dados. Este tipo de patolli en forma de aspa es el Tipo V, según Swezey y Bittman.

La ultima relación de inicios de la Colonia es aportada por Juan de Torquemada. En este sentido tenemos un elemento valioso a considerar, puesto que Torquemada será testigo ocular de las costumbres de los “naturales” cincuenta años después que Sahagún y Durán, y lo rescatable es considerar que su uso seguía siendo importante para 1615.

De las crónicas anteriores podemos supones tres factores: el primero es que el patolli era un juego relevante para la sociedad mexica (previa conquista) e inclusive durante los primero años de la Colonia. El segundo es que además de ser un instrumento de entretenimiento, era tan popular como utilizado por las clases altas de su tiempo. El tercero es que era a la vez un juego de apuestas como un juego con connotaciones religiosas. Estos tres factores favorecieron a que las autoridades españolas consideraran al juego como un instrumento de idolatría y prohibieran su práctica. De esta forma se perdió toda posibilidad de conocer con certeza los mecanismos intrínsecos del juego, así como el símbolo que para los mesoamericanos representaba.

PURÉPECHAS

Fue también considerado en la Relación de Michoacán, donde se menciona que después de haber visitado a Cortés en México, el cazonci se regresó a Michoacán jugando patol con sus principales (Relación de Michoacán, 1977: 261, Códice Xólotl 1980: plancha IX y X). Esta crónica nos hace incluso considerar que el Patolli fue utilizado por los Tarascos, aunque ellos tuvieran una relación lingüística considerablemente distante al resto de los grupos mesoamericanos. Así, el juego se propone una vez más como un elemento neutral a las diferencias idiomáticas, y como elemento vinculante entre distintos grupos.

Beals y Carrasco (1944) describen claramente la forma en la que los tarascos de Angahuan, en la víspera de la fiesta de la Asunción y en la casa de los cuidadores de la imagen, juegan “Kolika Atarakua” en un tablero idéntico al tipo II. Las reglas son muy similares a las descritas por Durán, inclusive a las recuperadas por Caso (1924) en la Sierra de Puebla.

CONSIDERACIÓN FINAL

La esencia de este mismo juego hubo de permanecer a través de los distintos periodos y regiones hasta llegar a los mexicas. Esto nos hace plantearnos que su importancia no sólo es comprobable geográficamente, sino también de forma cronológica. Ambos aspectos nos permiten coincidir con Bittman y Swezey (1983) al nombrar al patolli como un elemento “verdaderamente mesoamericano”.

La categoría de verdaderamente mesoamericano es muy atractiva para el estudio arqueológico y antropológico de los juegos, porque su uso era especialmente valorado tanto por las culturas de la península, como por las del Altiplano y el Golfo (incluyendo que el Pacífico y Noroeste dan muestras de su práctica, también). Al mismo tiempo, perduró su uso desde los teotihuacanos hasta los mexicas, y con ello se consta sobre su importancia.

Los tableros de Patolli que aparecen en los centros ceremoniales, en su mayoría, están orientados hacia los cuatro puntos cardinales. A pesar de que varían en su diseño y forma, aparece la opinión de que su significado estaba unido al del calendario y al ejercicio religioso de cada grupo (Beals y Carrasco, 1944; Caso 1924; Gallegos, 1994; Smith 1977; Swesey, 1970; Swesey y Bittman, 1983; Veerbeck, 1998).

Me parece que los juegos, una vez más, revelan aspectos íntimos de la cultura. Los revelan en su estructura, organización, tablero y fichas; pero también lo revelan en sus ritos y sus hábitos. Son instrumentos de doble abordaje; uno hacia el interior del juego y el otro hacia su exterior. A pesar de la riqueza del patolli como un elemento de análisis en sus bordes arqueológicos, antropológicos e históricos, no nos es posible concluir nada en específico.

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BIBLIOGRAFÍA

Beals, R. en P. Carrasco.

1944 Games of the Mountain Tarascans. American Anthropologist. Vol. 46: 516-22, Washington.

Bittman, B. Swezey, W.

1983 . El rectángulo de cintas y el Patolli. Revista Mesoamérica. No. 6 pp. 373 – 417. USA.

Caso, A.

1924-27. Un antiguo juego Mexicano: El Patolli. El Mexico Antiguo, Vol. 2: 201-11.

Chimalpain, Francisco de San António Munoz

1982 Relaciones originales de Chalco-Amecamecan. Fondo de Cultura Económica, México.

Durán, Diego de

1560. Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme. Disponible en línea (02/11/2010) http://books.google.com.mx/books

Duverger, C. 1978. L’esprit du jeu chez les Aztèques. Mouton, Paris.

Gallegos, M.

1994. Un Patolli prehispánico en Calakmul, Campeche. Revista de Antropología Americana 24, pp. 9-24. Ed. Complutense: Madrid.

López, Roberto

1992 Excavaciones en el Grupo Coral y algunas relaciones internas con otros grupos tardíos en Nakbe, Petén. En V Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala,

López de Gomara, Francisco

1552. Historia General de las Indias y la Conquista de México y de la Nueva España. Disponible en línea (02/11/2010) http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/02588400888014428632268/index.htm

Murray, H. J. R.

1985. A History of Chess. Northampton, MA: Benjamin Press.

Sejourné, Lauretta.

1959. Un palacio en la ciudad de los dioses. INAH: México.

Verbeeck, Lieve

1998 Bul: A Patolli Game In Maya Lowland. International Journal for the Study of Boardgames. Pp. 82 – 103. CNWS: Leiden University.

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¡Quién es el autor?

Psicoanalista, docente y maestro en Antroplogía por la UDLAP. Creador del juego de estrategia Cuatro Tribus, que obliga al jugador a considerar de forma simultánea los factores armamentístico, económico y diplomáticos. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a investigar los fundamentos históricos y planteamientos filosóficos de diversos juegos de...
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