¿El problema de la doble negación o la doble negación de un problema?

Juzgue Ud., estimado lector:

Los seres humanos somos así.. De entre las muchas miserias que doblegan nuestra capacidad cognitiva destaca la imposibilidad de referirnos al ‘siempre’ y al ‘nunca’ de manera acertada; plausible, si quiera. Algo parecido ocurre con el ‘todo’ y la ‘nada’. Los conceptos mencionados nos resultan problemáticos porque no los conocemos, y las aproximaciones que hacemos de ellos son, en consecuencia, incompletas, inexperienciables y hasta contradictorias (a nivel lingüístico).

La extensa lista de lenguas desarrolladas por los sapiens es un claro ejemplo de lo cortos que nos quedamos para abarcar tanto con simples palabras. Para el filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein, “[L]os límites del lenguaje son los límites del mundo”, y  bajo esta óptica resulta evidente que el ser humano es bastante limitado, tanto en su mundo como en su lenguaje.

‘Hacer nada’ o ‘no hacer nada’ son proposiciones que nos llevan al mismo punto de partida: el absurdo. ¿Pero cómo es posible que el significado de una afirmación sobre algo sea idéntico (al menos en una veintena de lenguas) a la negación de ese mismo algo? En buen castellano, por ejemplo, no se estila decir “hice nada porque estaba enfermo”. Un profesor de español no dudaría en corregir: “no hice nada porque estaba enfermo”. La diferencia es nula, aunque pueda hablarse de ‘corrección’. En inglés, no obstante, es perfectamente gramatical decir I did nothing because I was sick (hice nada porque estaba enfermo, literalmente). La doble negación en esta última lengua es bastante penalizada, y a pesar de que en términos de lógica la proposición I did nothing está “mejor construida” que “no hice nada” propia del español, no deja de significar un absurdo; es decir: que es imposible ‘hacer nada’, pero también lo es “no hacer nada”.

Como consecuencia de estos pantanosos escollos de la lengua que orgullosamente heredé de mi madre, encontré algunas áreas de oportunidad para salirme con la mía cuando las cosas no van del todo bien, o cuando el todo no es una cosa que va bien parcialmente. A saber:

En aquel tiempo el torrente de testosterona obnubiló la racionalidad de mis años mozos, así que decidí hacerme de una pareja sentimental, y ella decidió hacerse de mí (que no era yo una pareja sentimental; tenía sentimientos parejos, que no es lo mismo). En una de las tantas tardes que pasamos juntos, los nubarrones de la diferencia de opinión vaticinaron la insoslayable tormenta. Resultó, pues, que ella pensaba que el seguro para niños del asiento trasero de un automóvil era infalible, como el papa. Al contrario de ella, yo me inclinaba a pensar que se trataba de una afortunada coincidencia. Que los ingenieros y diseñadores automotrices habían errado en el proceso de fabricación, dando como consecuencia un milagroso Eureka involuntario, y que además de involuntario, era falible, como el papa.

Ella, mi entonces pareja, se regodeó durante horas esgrimiendo sus mejores argumentos frente a mi rostro iracundo, que, con prudencia instintiva, apenas y contenía las lágrimas, por la frustración. Ella ostentaba una risa sardónica con cada palabra que espetaba. Se contoneaba, también, al compás de sus reproches y fanfarronerías y hacía obsceno despliegue de erudición y elocuencia. Parecía ella disfrutar mucho de mi derrota retórica y yo, al verme tan disminuido, apresté el estandarte de la caballería pesada.

– Es más que obvio que el seguro para niños es infalible. Mira, ve a la parte trasera del carro e intenta suicidarte arrojándote al asfalto, mientras yo conduzco. Me aseguraré de que tu “supuesta” caída sea letal. ¡Anda, inténtalo, verás que nunca lo lograrás!

Su mirada desafiante y el menosprecio que hizo de mi inteligencia me obligaron a hacer sonar el bélico clarín, y la caballería pesada avanzó flanqueando a mi rival:

-Nunca no digas nunca, pues no sabes lo que nunca hubieses dicho si siempre niegas lo que innegablemente puede afirmarse, con toda certeza.

– ¡Bobalicón! ¡Para eso me gustabas! Anda, trata de quitar el seguro, y si lo logras, entonces la que ha de arrojarse al asfalto seré yo. Te apuesto que no vas a hacer nada…

– No niego que no negar nunca negará la no negación, por sí misma; aunque prefiero no negar lo que no es innegable, a veces.
A ver… ¡niégamelo!

– No tengo ni la menor idea de lo que hablas. ¡Explícate!

– Es fácil. Tú me dices que no voy a hacer nada, y no sólo lo dices, sino que lo asumes, así que yo te digo: siempre di nunca, pues de este modo no siempre sabrás que nunca supiste siempre.
En lo personal, prefiero que nunca nadie no me pregunte nada (o algo), y tú estás no preguntándome nada, y siempre lo haces, y creo que ya me he hartado.

– ¿Vas a arrojarte o seguirás con tu palabrería de siempre?

– Nunca digas siempre, pues siempre –y nadie mejor que tú lo sabe– nunca haces algo. Cuando tengas bien definidas tus intenciones conmigo, búscame, que nunca no te estaré esperando, siempre y cuando tú así lo quieras. Y que conste que si terminamos fue por tu culpa.

En ese momento quité el seguro del asiento trasero del automóvil y me precipité al vacío, comprobando así que el dispositivo es falible, que por fortuna abandoné el vehículo en una luz roja, que no nunca tengo la razón, pero que ni falta que hace. O juzgue Ud., estimado lector.

P.S. A los tres días recibí un correo de ella:

“Siempre sí decidí nunca dejar de no amarte. Diles a todos que nada ha sido en vano, y que no siempre voy a no recordarte, aunque lo intentaré, así sea lo último que no haga. Hasta no siempre, mi querido Galimatías”.

 

¡Comparte este artículo ahora!

3 comentarios sobre “¿El problema de la doble negación o la doble negación de un problema?

  • 1 mayo, 2017 at 11:31 pm

    Buenísimo !! me gustó bastante !! es muy divertido y entretenido.

    Responder
    • 5 mayo, 2017 at 5:10 pm

      Muchas gracias por tu comentario, Germán. Nos da mucho gusto que alguien sonría al otro lado de la pantalla.
      Saludos afectuosos.

      Responder
  • 30 agosto, 2017 at 4:00 am

    no opino diferente que German, ni hoy ni nunca, sino todo lo contrario. “Buenísimo !! me gustó bastante !! es muy divertido y entretenido.”

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Quién es el autor?

Rimbombante A Secas es el pseudónimo de un algo que realiza tareas diversas con fines indefinidos, aunque notablemente hedonistas y lúdicos. Misión: secreta. En una ocasión se le fue revelada mientras compartía un 'wedge' con Perseo Montes de Oca en un conocido campestre de golf. Se le encomendó guardar "el secreto",...
Seguir leyendo