Shogi: el ajedrez de los generales

El Shogi, o “Juego de Generales” en japonés, pertenece a la misma familia genealógica que el ajedrez occidental (probablemente el ajedrez que viene a su mente en este momento). No obstante goza de particularidades que lo convierten en un desafío altamente dinámico.  El Dr. Yasuji Shimizu es uno de los destacados arqueólogos que han rastreado la migración del ajedrez desde China a Japón. Ha excavado las piezas más antiguas de Shogi en el templo de Kofukuji, y las fechó alrededor del año 1058.

La primera referencia escrita al Shogi no vió la luz sino hasta el siglo XIII.  La evidencia confirma que el ajedrez se mueve por efecto de las rutas de la seda del interior del continente asiático (India o Persia) y hacia las costas orientales, para posteriormente integrarse a la cultura de Japón, Corea y prácticamente todo el sudeste asiático.

Desde sus orígenes, el Shogi cautivó a los habitantes de la isla. Son comunes los restos arqueológicos y antropológicos sobre su uso, difusión y apreciación, como herramienta de desarrollo humano. Los japoneses han invertido tiempo para refinar las reglas y restricciones y así mejorar la experiencia de juego. Al estilo del Go, es notable su puntual sistema de ranking para jugadores, así como la notación para su estudio.

Las referencias y reglas para jugar Shogi son de domino público, así que me permito en este espacio literario más bien exponer mis suposiciones sobre las posibles causas culturales que influyeron en el nacimiento del Shogi, claramente diferenciado de su precursor chino el Xiangqi. A tal grado logró su jerarquía como fundamental entretenimiento que eventualmente se volvió jefe de familia de variantes como el Sannin Shogi, Dai Shogi, el Yonin Shogi o el Chu Shogi.

Podemos considerar cuatro grandes particularidades que hacen del Shogi  un juego que, si bien ligado al ajedrez, único en su estilo.  Primeramente, las piezas para ambos jugadores son blancas. En segundo término una pieza contraria capturada puede ser reingresada en cualquier punto del tablero a cambio del movimiento. En tercer lugar desaparecen los elefantes o alfiles a cambio de generales de oro y plata y un dragón. Por último, las piezas pueden “promocionarse” cuando cruzan dos tercios del tablero.

Me parece que de golpe, jugar Shogi nos introduce al tiempo de las guerras feudales del Japón. Es una lección sobre la lucha cuerpo a cuerpo de los samurái, a la vez que es explícitamente abierto ante las sorpresas de ataques ninja. Todo lo anterior ocurre en un escenario sin distinciones “raciales” que permiten claramente identificar a un “invasor”.  El escenario es constantemente amenazador, pero el emperador (en japonés Osho, que denota también el más alto rango en el budismo) es el más diestro de los generales involucrados.

La ética del desarrollo está siempre inscrita en el Shogi. Primero porque revalúa el poder del Rey (Osho) al darle la mayor movilidad de los generales. No da la sensación de ser el más “débil” alrededor como ocurre en el ajedrez internacional.

En segundo, por las constantes “promociones” de las piezas de menor movilidad por piezas con mayor movilidad en tercio del tablero enemigo. Esto ya demuestra la ética del desarrollo como potencialidad universal; es decir, que dos jugadores con igual nivel de conocimiento del juego deben organizar sus estrategias alrededor de los movimientos iniciales de las piezas; pero también de sus movimientos al adquirir su promociona. Involucra, obligadamente, a realizar cadenas de decisiones para organizar un jaque mate que es más probable de alcanzar con piezas que tengan mejor movilidad.

Si reflexionamos sobre el poder del juego como espejo de nuestra persona, el Shogi nos inspira a considerar las condiciones iniciales de los individuos a nuestro alrededor, pero también sus potencialidades. Obviamente funciona también si pensamos en nuestras condiciones iniciales y nuestras potencialidades como parte de la estrategia de vida.

La facultad de colocar las piezas capturadas a nuestro favor, inyecta de organicidad la realidad del juego. Las piezas fluyen entre los jugadores para generar desbalances más complejos de calcular; salvo contadas restricciones, es común realizar cadenas de piezas recién ingresadas para realizar un jaque mate. Si no se logra dicha condición, se ofrece, entonces, una nueva “mano” de capturados al adversario, que seguramente utilizará en su beneficio.

Las partidas se sienten como una serie de batallas y asedios, con constantes idas y vueltas en donde se intenta hacer confluir los elementos jugados y las estrategias pensadas. Es un juego genial. Entiéndale quien pueda, o el que haya jugado al Shogi.

¡Comparte este artículo ahora!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Quién es el autor?

Psicoanalista, docente y maestro en Antroplogía por la UDLAP. Creador del juego de estrategia Cuatro Tribus, que obliga al jugador a considerar de forma simultánea los factores armamentístico, económico y diplomáticos. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a investigar los fundamentos históricos y planteamientos filosóficos de diversos juegos de...
Seguir leyendo
Sitio web del autor: http://www.dinamita.cc